viernes, 24 de julio de 2015

Grupo Salvaje

Devoran las botas el polvo al regresar.
Jamás pesaron tanto como ahora
que cada paso es un anticipo de tumba.
En algún sitio niños desarrapados
juegan a torturar a un escorpión acorralado
por hormigas ignorantes de su destino de fuego.
La golondrina cantaron los campesinos mexicanos.
Se ríen ante la posibilidad de convertirse en héroes
                 —a estas alturas—
Ni tan siquiera están seguros de que para ellos
quede alguna migaja de eso llamado redención.
Las almas que enviaron con su creador
se reúnen a verlos frotándose las manos.
¿Por qué no? se dijeron hace un rato.
Apología de la lírica de la suciedad,
poética y romanticismo del fango.
El sol vierte con ironía justiciera sus rayos.
El aire seco sabe a pólvora de antemano.
Cuatro ángeles sanguinarios de mugrientas alas.
Al fin y al cabo ya no hay lugar al que huir,
este mundo nuevo ya hace que les ha derrotado
y el tequila se niega a ahogar la conciencia.
Al fin y al cabo el chico era el mejor de todos ellos.
Caminan en silencio cada uno con su propio infierno
solo los buitres aplaudirán su gran gesto,
el crepúsculo de este acto invisible a destiempo.
Sin embargo caminan orgullosos y dispuestos
a albergar en su cuerpo al menos cinco balas
por cada diez que disparen ellos.

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